Economía, Política Internacional., Sociedad

De Bangladesh, servicio público y ElDiario

Dos veces en dos semanas los lectores y socios de ElDiario.es han pedido la retirada de un artículo por, bien no sintonizar con lo que comenta, bien porque lo consideran falaz, bien porque lo consideran ofensivo. El primero, de Ignacio Conde Ruiz, reflexionaba sobre el hecho de que España no recauda suficiente, y comentaba una reforma fiscal. El segundo, de Roger Senserrich, hablaba de la situación de las fábricas de Bangladesh desde un pragmatismo que los socios han considerado injustificable.

Varios apuntes:

- La libertad de expresión, según los socios del medio, parece no tener límites, se permite una extralimitación siempre y cuando lo que argumenta es acorde con sus ideales. No considero el artículo de Senserrich en el que habla de que esas condiciones infrahumanas “son probablemente lo mejor que le ha pasado a los pobres de Bangladesh en décadas” moralmente peor que el argumento de Rosa María Artal de que el tiroteo frente al Parlamento en Italia es consecuencia de los gobiernos estrujando a la ciudadanía. Lo veo incluso más útil para la sociedad.

- El ejercicio del servicio público no ha de estar reservado únicamente a los medios públicos (aunque cada vez realizan menos de ese servicio que busca promover los principios constitucionales y proyectan más Iron Man para competir con las privadas). Y me explico. Considero que el lector elige un periódico porque simpatiza con él en la mayoría de aspectos. Si no fuera así, le resultaría indiferente elegir LaRazón o ElPaís. Pero siempre hay cierto margen para que, si el periódico es riguroso, se le planteen artículos con los que discrepe. Es una suerte de acuerdo tácito entre el medio y el lector, por el cual el primero busca, aunque sea ínfimamente, ejercer un servicio público. Y es lo que convierte a un medio sin más, en un medio respetable. Cada vez se difumina más esta función cuando lo que prima es el negocio, pero sigue existiendo. En el caso de ElDiario.es, su ‘buenismo’ ha triunfado sobre su función de servicio público.

- En el artículo de la defensora del lector, ésta critica el relativismo de Senserrich y le pide que viaje a Bangladesh para ver la verdadera situación de los trabajadores explotados. Le pide que olvide esos libros que buscan “justificar lo injustificable” y observe de cerca la realidad “para poder describir el mundo”. No puedes criticar el relativismo con ese minimalismo. No puedes conocer el mundo renegando de sus cifras. Porque sí, queda muy bonito eso de que ‘tras las cifras hay personas’ (¡claro que las hay!). Pero sólo viendo a las personas, desgraciadamente, no conocemos la magnitud del problema. En temas así lo más pragmático es lo más efectivo. Senserrich ha hecho un análisis criticable por su cierto cinismo.  Pero puede ser mucho más riguroso, ir más allá en el problema que un artículo humanista (muy necesario) que denuncia y sin embargo no es capaz de observar el problema con mayor amplitud, lo que limita su denuncia.

- Tanto en el FT como en el TheEconomist, las críticas han sido más duras que las de Senserrich. En el primer medio hablan de la necesidad de que se estructuren verdaderos sindicatos que defiendan los derechos de los trabajadores de las ‘sweatshops’. El Gobierno no sólo impide la sindicación (a pesar de estar reflejada en la legislación laboral) con medidas de coacción, sino que afirma abiertamente pasar olímpicamente de la seguridad de sus trabajadores. En TheEconomist, sin embargo, tratan el tema desde la perspectiva empresarial. Afirman que una empresa grande, con toda la infraestructura que tiene, no puede permitirse desconocer de dónde y en qué condiciones llegan sus materias primas. No es excusa. Si tienen tanto poder, que presionen a los gobiernos (aquí entramos en el espinoso tema de la soberanía)

- También el TheEconomist publicó recientemente, en su columna Schumpeter, un interesante artículo sobre la responsabilidad social de la empresa minera Anglo-American. Ante la creciente expansión del VIH en sus trabajadores sudafricanos, y la indiferencia del gobierno para solucionar el problema, la empresa comenzó un plan para extender los tests para detectarlo. ¿Lo hacía por altruismo, únicamente para salvar sus vidas? No del todo. Si sus trabajadores morían, no podrían producir más. ¿Sirvió para algo ese ‘egoísmo’? Mucho. Hizo mucho más que el propio Gobierno.

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Las elecciones italianas y la Eurozona

En Open Europe, un think-tank británico sobre la UE, han preparado un excelente paper sobre las elecciones en Italia, donde indagan principalmente en las consecuencias que tendrá el resultado en la Eurozona. Este cuadro sobre la postura hacia la Unión Europea de cada partido es especialmente clarificador: 

elecciones italia open europe

Trabajo de Vincenzo Scarpetta de OpenEurope

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La peligrosa alternativa a la corrupción

Beppe  Grillo, líder del Movimiento 5 estrellas (M5S) en Italia, fue acusado de homicidio involuntario en un accidente de tráfico en 1980. A pesar de ello, en los años 80 su popularidad como cómico aumentó considerablemente, hasta derivar en un activismo político que ha conseguido en muchas ocasiones juntar a 2 millones de personas en las calles de Roma o Milán. Su partido, que las encuestas colocan en un segundo puesto en las elecciones del 24 y 25 de febrero, con un 18% de los votos, le impide presentarse a las elecciones. Es el ‘showrunner’ del nuevo fenómeno político italiano, pero por tener antecedentes penales no puede presentarse a las elecciones.  Y es algo que explota como signo de identidad de su partido. La honradez, un código moral estricto, valores de transparencia y una fuerte beligerancia ante la corrupción. Durante años en su web ha elaborado listas de políticos corruptos, convirtiéndose en el azote de la corrupción del país número 69  en el índice elaborado por Transparency International.

Explota esa fachada de honradez y cierto regusto populista anti política, y como es de esperar, no hay más allá de esa carcasa. No hay un plan macroeconómico creíble, a pesar de que en Parma el alcalde es del partido y ha realizado ambiciosas reformas, y ni siquiera hay un plan de política exterior. Su carta de presentación es la anti corrupción, y no necesita más. Cuando los niveles de corrupción son tan altos y ésta está tan extendida, las opciones son el desencanto por la política y algo inherente a ese fenómeno, el populismo y cierta esterilidad ideológica. Cuando todos los partidos están envueltos en casos de corrupción, para aportar valor añadido un partido alternativo únicamente necesita no ser corrupto. Es su único y mejor producto.

Esta anti corrupción da lugar a mesías que, como comenta @nayermaster en Twitter, mantienen una excelente salud en Italia. Un país que parece haberse convertido en la avanzadilla del desencanto por la política, y no tanto de la polarización ideológica que provoca en otros países la crisis. Su experimento tecnócrata con 13 meses de gobierno del ex-comisario europeo Mario Monti ha ayudado sustancialmente. La inclinación italiana por salvadores estilo Berlusconi ha hecho el demás trabajo. Junto al rechazo a la corrupción, el cóctel puede ser peligroso. Y quizá el prólogo de algo similar en demás países afectados por la crisis europea.

En España, tras los escándalos de Bárcenas, casos de espionaje entre partidos políticos (donde está untado hasta un partido de corte anticapitalista como las CUP), los partidos que históricamente son vistos como contrapeso a esos ‘ladrones’ no necesitan hacer mucho para distinguirse. UPyD, buque insignia de este afán por la transparencia, publica sus cuentas y la remuneración de sus cargos. Y no lo hace, o no creo que lo haga por una cuestión ética, sino por distinguirse de quienes se niegan a acabar con la opacidad de sus cuentas. El debate ya no es sobre las medidas económicas, sociales, políticas de unos y otros sino en si uno es corrupto o no. Siendo realistas, partidos “no corruptos” (si este puede ser un distintivo) como UPyD no lo son por una cuestión de ética política, sino porque su valor añadido frente a los corruptos es no ser eso, corruptos. No tienen incentivos para ello, ya que su electorado no se lo perdonaría nunca.

Ello no significa que detrás de estos partidos no exista una alternativa política o económica. Pero existe el peligro de que surjan partidos, como el Partido X, que no necesiten exponer mayores medidas que las que luchan contra la corrupción, estrechando el margen del debate y perjudicando a aquellos que sí plantean una verdadera alternativa de gobierno. El partido de Beppe Grillo surgió únicamente hace 4 años y tendrá representación parlamentaria. La impermeabilidad ideológica de la población española va a seguir durante unos años, pero cada vez resultan más peligrosas las alternativas vacuas que juegan y explotan el desencanto de la población hacia la política.

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Por qué es una buena idea eliminar las becas para estudiar idiomas en el extranjero

El setiembre pasado tuve la oportunidad de realizar un curso de tres semanas en Londres. Al ser beneficiario de una beca de carácter general y tener una media superior al 7, el Gobierno me la pagaba. Unos 1.500 euros para alojamiento y el curso. Una cifra nada desdeñable. ¿Por qué, entonces, me parece bien que se suprima, si aprendí muchísimo e hice amigos de todo el mundo? Porque esa no es la tónica general. Las becas en el extranjero son unas vacaciones pagadas. 3 horas de clase al día, gastos casi cubiertos, y muchos colegas de tu propio país. Lo de menos es aprender el idioma. La inmersión es mínima si compartes piso con un chaval de Talavera y tus colegas de la escuela son de Torrelodones. Yo tuve la suerte de compartir piso con un belga y dos chicas italianas, lo que me obligaba a hablar en inglés. Y en mi clase, la única española que había aceptó mi propuesta de no hablar entre nosotros en español. Fui firme en esto, me negué a hablar español. Leñes, que lo que mola es hablar con el coreano de mi clase, o con el colega belga que hice, con el que sigo en contacto. Para hacer colegas españoles ya vivo 11 meses al año en España.

Los demás españoles no sólo solían faltar a clase, sino que muchos de ellos venían con la novia y demás amigos, se juntaban en un piso, y papá Estado se lo pagaba. Damn, ni las vacaciones pagadas por el régimen en Torremolinos. Incluso las propias agencias propician esto. En los foros de las empresas que organizan estas estancias he visto gente buscando españoles que fueran al mismo destino que ellos, para así conocer a alguien y no estar tan solos. Algo que puedo comprender en Erasmus (y ni siquiera), pero que es totalmente contraproducente en un curso de inmersión linguística intensivo. 

Los únicos que vi con ganas eran precisamente los que pretendían quedarse varios meses allí y encontrar trabajo. Conocí una chica que acababa de terminar la carrera y tuvo una oportunidad de trabajo en el sector aeronáutico mientras estudiaba ahí. Necesitaba mejorar su idioma, y se esforzaba muchísimo.

El gasto en estas partidas es un coladero. Vamos a oír barbaridades sobre esto, como las oímos cuando se impuso una nota mínima de 7 para filtrar a malos alumnos (¡Dictadura de las élites! ¡Injusticia! ¡Tengo derecho a un mojito en Malta sufragado por el Estado!), y poco se puede hacer por salvar la denostada imagen del ministro de Educación. Pero, vaya, rompo una lanza por esto. Y no porque crea que la solución pase por cursos de inmersión en España. Estamos en las mismas. De nada sirve volver de clase y ponerse a ver La que se avecina. Pero al menos no derrochamos dinero. Ah, y que conste que a mi, personalmente, me jode bastante. Fue una experiencia muy enriquecedora.

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Las líneas de distinción de la corrupción

Sin título

Rajoy publica sus datos fiscales entre 2003 y 2012, y como ejercicio de contraposición, de diferenciación, el PSOE hace hincapié en su página web en el  hecho de que sus cuentas están claras y son de libre acceso. Una maniobra de manual, la de buscar la fortaleza explotando la debilidad del enemigo. Sin embargo, bajo esta  búsqueda de distinción subyace un hecho realmente atroz: la corrupción en España está convirtiéndose en algo tan común que los partidos de oposición aportan valor añadido únicamente siendo no corruptos. Y eso es algo muy triste. UPyD, buque insignia de este afán por la transparencia, publica sus cuentas y la remuneración de sus cargos. Y no lo hace, o no creo que lo haga por una cuestión ética, sino por distinguirse de quienes se niegan a acabar con la opacidad de sus cuentas. El debate ya no es sobre las medidas económicas, sociales, políticas de unos y otros sino en si uno es corrupto o no. Siendo realistas, partidos “no corruptos” (si este puede ser un distintivo) como UPyD no lo son por una cuestión de ética política, sino porque su valor añadido frente a los corruptos es no ser eso, corruptos. No tienen incentivos para ello, ya que su electorado no se lo perdonaría nunca. 

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Mis reflexiones sobre la huelga del #14N

Hoy he vivido una huelga por primera vez con trabajo. Mi primer trabajo. Y extraigo varias reflexiones:

- Hacer huelga está totalmente justificado. Dada la situación actual, es legítimo y comprensible protestar. Pero sigo dudando de su efectividad. Es una suerte de animal mitólogico al que se venera que, más que demostrar descontento, sirve para reafirmar en los ideales de quienes la realizan. Como si apoyándola uno se sintiera realizado, como si ya hubiera hecho todo por su parte. Es un instrumento, obviamente, político; decir que esta huelga es política como algo despectivo es una estupidez: no hay huelga que no sea política.

- Ahora que he visto los incentivos que hay para hacer huelga (si acudía, debía recuperar un día de trabajo más adelante, o perder sueldo), no sé si quien la hace es porque de verdad lo cree, o porque lo que pierde por hacerla no es tanto. En mi caso, el coste de oportunidad de hacerla, dado que llevo apenas una semana en la empresa, era bastante alto.

- Me parece realmente curiosa la diferencia entre trabajadores cualificados y no cualificados a la hora de hacer huelga. Y no precisamente por cuestiones ideológicas (aunque a mucha gente le cueste admitirlo, hay trabajadores de poca cualificación y trabajo precario con ideología muy diferente de la de sindicatos y movimientos obreros), sino por una cuestión de incentivos. En los empleos menos cualificados el incentivo es casi por completo monetario. A poca gente le gusta recoger la basura de madrugada en enero. Lo hacen porque reciben un sueldo. Pero cuando el empleo sube de cualificación y motiva al trabajador no sólo monetariamente (éxito, aprecio por lo que hace, consideración de que su esfuerzo ayuda a otros, o le completa a él mismo), el sueldo importa menos (ojo, que no nada). Si la huelga no es ideológica, sino simplemente una defensa de los derechos de los trabajadores, ¿no deberían ser los trabajadores poco cualificados los que menos incentivados estén para hacer huelga, dado que supondría una pérdida de sueldo? ¿Significa eso que los trabajadores poco cualificados que van a la huelga van más motivados por su ideología que por otras cuestiones? ¿O significa que van porque de verdad creen que solucionaría su situación laboral en un futuro cercano?

- Observando la última encuesta del CIS, las manifestaciones y huelgas pierden valor: el PP volvería a ganar, esta vez con un 35,9% de los votos. En democracia se castiga mucho mejor con votos que con consignas. No lo olvidemos.

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Tecnócratas, incentivos y el “neoliberalismo” del PP

Las recientes declaraciones del primer ministro Mario Monti, que sustituyó en Noviembre de 2011 con un gobierno de técnicos al dimitido Silvio Berlusconi, en las que afirma que, si el pueblo italiano lo desea, seguirá en su cargo, traen a colación una idea similar en España. ¿Por qué no un tecnócrata español que solucione los problemas que el gobierno del Partido Popular no parece estar dispuesto a solucionar?

Quizá no desde su llegada a la Moncloa, pero si muy poco después, el equipo de gobierno de Rajoy ha empezado a recibir críticas desde diferentes perspectivas. Desde los sectores más radicales de la izquierda es muy generalizada la idea de que existe  una suerte de ‘mano negra’, de agenda oculta del gobierno, que busca acabar con el Estado del Bienestar e implantar una política neoliberal que ellos consideran regresiva, injusta y casi delincuente. Observar en los PGE de 2013 el peso que tienen partidas como Pensiones o prestaciones por desempleo, y la escasa diferencia que existe entre votantes del PSOE y del PP en su apoyo al Estado del Bienestar (gráfico 1), refuta rápidamente esta idea.

Otros sectores, mucho más mayoritarios, afirman que la única explicación racional a la ineptitud y poco acierto a la hora de implementar políticas del Gobierno radica en su profunda ignorancia. Esta teoría, si bien algo tiene de cierto, es complicado que se sostenga en la medida en que el gobierno actual de Mariano Rajoy es de sobra un gobierno con aptitudes y experiencia suficiente. Quizá Rajoy sea un político naif, ineficiente, demagogo y muy poco diestro a la hora de “venderse“. Pero la experiencia, tablas y formación de su gobierno deberían haber hecho acto de presencia. Daron Acemoglu en su libro ‘Why nations fail’, citado recientemente en un famoso artículo de César Molinas en ElPaís sobre los problemas de las élites políticas españolas, refuta la explicación de la pobreza y mala economía de un país por la ignorancia de sus gobernantes. Afirma que, si esto fuera así, aquellos líderes que siguieran a los ineptos habrían aprendido la lección y habrían podido evitar caer en los mismos errores. Observando la postura de los gobiernos de Zapatero y Rajoy frente a la crisis, uno descubre que en líneas generales han actuado de la misma forma, buscando el rédito político y obviando lo que verdaderamente debía hacerse. El gobierno de Rajoy ha profundizado más en las reformas, pero siempre titubeando, no precisamente por miedo a que éstas pudieran afectar negativamente a la gran mayoría de la población, sino más bien por miedo a perder a su votante potencial. Víctor Lapuente, politólogo y autor de la idea de ‘política bisexual‘ que tan mal suena pero tan necesaria es, afirma en un reciente artículo que, al contrario de lo que puede parecer, el PP sí está respondiendo a los intereses de los votantes. Pero son los votantes que son potencialmente suyos, tales como los millones de beneficiados por la burbuja inmobiliaria, los pensionistas (las pensiones suben un 1% en 2013 a pesar de que la inflación aumenta un 3,5%) o las pymes. El gobierno de Mariano Rajoy ha realizado reformas que incumplen su programa electoral flagrantemente (subidas de impuestos tales como el IVA, de las que hizo campaña en contra cuando se encontraba en la oposición), pero no ha realizado las reformas necesarias que podrían hacerle perder más votos de su electorado potencial.

Una lectura más acertada de la teoría de Acemoglu en ‘Why nations fail’, bajo mi humilde punto de vista, no se quedaría en la idea de las élites extractivas que menciona César Molinas en su artículo. Queda en la superficie y da a entender que el problema de España es su mala calidad de políticos, su alta corrupción, metiendo en el mismo saco tanto a políticos honrados como a corruptos. La explicación de por qué tanto PP como PSOE no realizan las reformas necesarias radica en la inexistencia de incentivos para hacerlo. En España existen infinidad de sectores beneficiados, o bien por monopolios estatales, o bien por subvenciones, que no hacen sino crear incentivos perversos. Los dos principales partidos no han dejado caer a los bancos llenos de áctivos tóxicos inmobiliarios porque penalizarían a sus votantes, que se enriquecieron gracias a la burbuja. Y lo mismo ocurre con el sistema de financiación autonómica, o el replanteamiento de las autonomías. Han creado redes clientelares tan grandes que cualquier intento de reformar el sistema provocaría una rebelión autonómica, y por lo tanto del grueso de votantes fieles (que viven o se ven beneficiados del status quo). Acemoglu afirma que las bases del crecimiento y la prosperidad económicas radican en la centralización del poder, la existencia de instituciones políticas y económicas inclusivas (mercados libres que permitan el acceso a toda la población, igualdad de oportunidades) y su consecuente creación de incentivos para innovar. El autor hace especial hincapié en ésta última teoría, la de la destrucción creativa de Schumpeter: el capitalismo avanza mediante innovación, y por lo tanto, mediante la creación de lo nuevo en detrimento de lo viejo. Así, crea ganadores y perdedores, y el Estado ha de proveer al ciudadano de todas las herramientas para que le resulte lo más sencillo posible seguir innovando sin quedar marginado y desclasado por culpa de la innovación de otros.En España, las industrias sobreprotegidas, las enormes trabas burocráticas a la hora de abrir empresas, la obsesión con las pymes, la horrible situación del mercado laboral, no hacen sino crear ‘insiders’ sobreprotegidos, beneficiados por el status quo.  El miedo a que los posibles perdedores del proceso de innovación se rebelen, como hicieron los mineros hace unos meses, es el principal obstáculo que impide (y ha impedido durante años) al gobierno realizar las reformas estructurales necesarias.

Un gobierno de técnicos, ajenos al juego de intereses tan viciado de la política española, y con carácter, obviamente, provisional, podría ser la solución, o el principio de solución, de la economía española. No es la panacea, y provocaría una crisis institucional que, sin embargo, sería peor al intentar un gobierno de coalición, dado el cainismo de la política española. Sería un procedimiento poco democrático, pero que serviría para democratizar los recursos productivos y la economía. Quizá el término “técnico” resulta demasiado neutral, muy poco político y demasiado ajeno a lo que realmente ocurre en la sociedad y preocupa a los ciudadanos. Pero una postura únicamente en pos del rédito electoral, como la de Rajoy, no solo no soluciona los problemas de competitividad, falta de incentivos y credibilidad de España, sino que además tampoco tiene en cuenta a las mayorías descontentas. Al fin y al cabo, su estrategia es legítima en la medida en que todo político ha de dirigirse a un electorado con el que cree sintonizar, pero a la hora de gobernar, algo que Romney pareció olvidar, ha de hacerlo para todos. Defender a quienes viven beneficiados por el status quo en detrimento de quienes, como los trabajadores temporales o los jóvenes, no encuentran solución a sus problemas, no es más democrático que un gobierno de tecnócratas con carácter provisional.

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